El corazón, órgano central del individuo, corresponde de manera muy general a la noción de centro. Si Occidente hace de él la sede de los sentimientos, todas las culturas tradicionales localizan ahí por el contrario la inteligencia y la intuición: ocurre quizás que el centro de la personalidad se ha desplazado, de la intelectualidad a la afectividad.
Los hindúes consideran el corazón (hridaya) como Brahmapura, la morada de Brahma. El corazón del creyente, se dice en el Islam, es el Trono de Dios. Si, igualmente, en el vocabulario cristiano, se dice que el corazón contiene el Reino de Dios, es que este centro de la individualidad, hacia el cual retorna la persona en su andadura espiritual, representa el estado primordial, y por tanto el lugar de la actividad divina.
El doble movimiento (sístole y diástole) del corazón hace de él también el símbolo del doble movimiento de expansión y reabsorción del universo. Por esta razón el corazón es Prajapati; es Brahma en su función productora, es el origen de los ciclos del tiempo. La luz del espíritu, la de la intuición intelectual, de la revelación, brilla en la caverna del corazón.
La escritura hieroglífica egipcia representa el corazón por un vaso. Y efectivamente el corazón se relaciona con el santo Graal. Hay que destacar también por otro lado que el triángulo invertido, que es una representación del cáliz, es también el símbolo del corazón. La copa que contiene el brebaje de inmortalidad se alcanza necesariamente en "el corazón del mundo".
El deseo supremo de cada uno es el que formula Parehi d'El-Kab: "Puedes atravesar la eternidad en dulzura de corazón, en los favores del dios que está en ti". Así el corazón es en nosotros el símbolo mismo de la presencia divina y de la conciencia de semejante presencia.
Los textos irlandeses dicen a veces, para evocar la muerte de un personaje abrumado de tristeza, que "el corazón se rompió en su pecho". El corazón simboliza manifiestamente el centro de la vida.
En la tradición bíblica, el corazón simboliza el hombre interior, su vida afectiva, la sede de la inteligencia y la sabiduría. El corazón es al hombre interior lo que el cuerpo es al hombre exterior.
El corazón según la Biblia, ocupa un lugar central en la vida espiritual: piensa, decide, esboza proyectos, afirma sus responsabilidades. la memoria y la imaginación remplazan al corazón, así como la vigilancia, de ahí esta frase: "Yo duermo, pero mi corazón vela."
El corazón está asociado al espíritu y a veces los términos se mezclan debido a sus significaciones idénticas. De ahí las expresiones: "espíritu nuevo y corazón nuevo", "corazón contrito y espíritu contrito. El corazón está siempre más ligado al espíritu que al alma.
En la tradición islámica, el corazón tampoco se asocia a la afectividad, sino a la contemplación y a la vida espiritual. "Punto de inserción del espíritu en la materia... es lo esencial del hombre, esta oscilación reguladora situada dentro de un trozo de carne. Es el lugar escondido y secreto (sirr) de la conciencia.
Según la psicología musulmana el corazón sugiere los pensamientos más escondidos, más secretos, más auténticos; constituye la base misma de la naturaleza intelectual del hombre. Los místicos se llaman, entre los sufíes, los hombres del corazón.
En las tradiciones modernas el corazón se ha convertido en un símbolo del amor profano, de la caridad en cuanto amor divino, de la amistad y la rectitud.
Guenón ha observado que el corazón tiene la forma de un triángulo invertido. Como los símbolos que toman esta forma, el corazón se referiría "al principio pasivo o femenino de la manifestación universal... mientras que los (símbolos) que son esquematizados por el triángulo derecho corresponden al principio activo o masculino". En la India, el triángulo invertido es uno de los principales símbolos de la Shakti, elemento femenino del ser, al mismo tiempo que de las aguas primordiales.
Diccionario de los símbolos - Jean Chevalier/Alain Gheerbrant
JADE
En China ha sido considerado desde siempre como piedra sagrada, y son abundantes las imágenes de dioses hechas en jade. Es la piedra de la tranquilidad y la prudencia, la serenidad y el dominio de la espiritualidad frente al materialismo. Se le otorgaba el poder de prolongar la vida, y atraer la lluvia, y expulsar las energías negativas. Es una especie de puente entre este mundo y otros, pero que se construye poco a poco. En este puente se encuentran un sinfín de conocimientos, porque en el jade viven los símbolos universales que permiten al hombre el conocimiento de sí mismo.
Es una piedra de paz y concordia, tiene el valor de la resistencia, la humildad y la justicia. Además, sus ondas bondadosas nos revelan nuestra auténtica capacidad de entrega y servicio. Es especialmente beneficioso para la meditación y también para ayudarnos a recuperar el recuerdo de vidas anteriores. El mensaje que podamos obtener del pasado siempre nos aportará sabiduría y crecimiento espiritual.
Los chamanes lo han utilizado para favorecer la comprensión de sueños y visiones. Terapéuticamente, se usa en el tratamiento del estreñimiento, riñones, epilepsia, taquicardias, así como para combatir la fiebre y potenciar la fertilidad. Aporta energía al cerebro y regula su buen funcionamiento, se recomienda en personas hipocondríacas y en patologías como la esquizofrenia y psicosis. Repele la negatividad. Potencia la inteligencia. Calma el sistema nervioso. Es considerada la piedra de la justicia y se aconseja llevar un canto rodado en el bolsillo si hay que acudir a la Justicia.